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Miércoles 27 de Febrero- Garantía de Vida

Miércoles 27 de Febrero- Garantía de Vida

“fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.”
Efesios 1:13-14
 
En el Nuevo Testamento Pablo tomó el término “arras” que era común en sus días, para hablar del Espíritu Santo, refiriéndose a él como una garantía de una promesa; en la antigüedad, las arras eran unas monedas de oro, las cuales tenían un costo bastante elevado y se veía como un anticipo de la provisión que el novio iba a dar a su novia mientras sea su esposa.
 
El Espíritu Santo como las arras; es la garantía que Dios ha de cumplir cabalmente todo lo que ha dicho de nosotros. Hemos sido comprados a precio de sangre pero más de allá de eso, el Novio ha pagado un alto precio por su Novia para aquel momento glorioso cuando vuelva por ella, y es ahí, las arras (Espíritu Santo) quien nos garantiza que ha de suceder, porque lo que disfrutamos aquí es temporal y lo que está por venir es eterno. Cuando Dios puso sus arras en nosotros, El se comprometió por todo tiempo y eternidad. El Espíritu Santo es las Arras de Dios, el anticipo del pago de Dios por nuestra salvación. Nosotros, al presente, no tenemos todas las cosas que habremos de recibir. Hay algo pendiente. De hecho, esto inquieta nuestra imaginación. Si el Espíritu Santo es solo parte de lo que hemos de recibir, y El es Dios, y Dios es todo, ¿qué ha de ser el resto?
“Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos.” Romanos 8:24-25
Hay una vida más allá de la terrenal, a la que Jesús mismo señaló diciendo que prepararía morada para nosotros y nos dejó una garantía que volvería; a su Espíritu Santo en nosotros, que nos recuerda que tenemos una ciudadanía especial, una ciudadanía celestial; muy por encima de la nación a la que pertenezcamos. Su Santo Espíritu nos garantiza que solo transitamos por éste mundo pero que hay un Reino mayor. Y esto, ha de suceder muy pronto.
Oremos para que el Espíritu Santo nos siga preparando para aquel momento en el que nos encontraremos con nuestro amado, CARA A CARA.
DIOS TE BENDIGA
Autor: Jonatan Lezcano