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Martes 7 de Mayo- Su dulce canto

Martes 7 de Mayo- Su dulce canto

Las oficinas donde trabajo desde hace unos meses están rodeadas de mucha naturaleza. Desde el primer día note el canto de un pájaro desde la mañana hasta la tarde, un sonido realmente estimulante. Durante varias semanas, ese relajante sonido era reemplazado por el acostumbrado ruido de la ciudad. Después de  un tiempo, quede sorprendida el día en que  escuché ese dulce canto en medio de la ciudad! Ese sonido al que relacionaba con paz, tranquilidad y descanso, empezó a escucharse en medio del caos de distintos puntos de la ciudad.
No es que el pájaro empezó a volar hacia el caos para regalarme su canto, es que siempre estuvo ahí y yo no lograba escucharlo. El estruendoso ruido, se encargó de hacerlo imperceptible para mi. Esta experiencia, me recordó un poco al pueblo de Israel:
«…Pero no, mi pueblo no quiso escuchar; Israel no quiso que estuviera cerca. Así que dejé que siguiera sus tercos deseos, y que viviera según sus propias ideas. ¡Oh, si mi pueblo me escuchara! ¡Oh, si Israel me siguiera y caminara por mis senderos! ¡Qué rápido sometería a sus adversarios! ¡Qué pronto pondría mis manos sobre sus enemigos!…los alimentaría con el mejor trigo; los saciaría con miel silvestre de la roca».
‭‭Salmos‬ ‭81:11-14, 16‬ ‭NTV‬‬
Israel se caracteriza por haber sido un pueblo distraído y ensordecido por estar siempre buscando aquello que tuvo y “perdió”,  aquello que quería y no veía y aquello que tenían otros y ellos no. Sus constantes distracciones,  imposibilitaron su oído a la voz de Dios y les robaron victorias. La búsqueda de sus deseos personales, alejaron su corazón del Padre. Cuanto ruido había en el pueblo de Israel y creo que también en nosotros!  Hoy en día, nuestro ruido son los afanes, los sueños y anhelos de nuestro corazón, el deseo de alcanzar lo mismo que los demás, las luchas y pruebas que no hemos asimilado como procesos del Padre.
Es hora de escuchar al Padre y prepararnos para ganar batallas y ser saciados con Su miel!
La ciudad no es exactamente el hábitat de un pájaro; sin embargo,  él tiene la habilidad de vivir y cantar en ella a pesar de los ruidos que hayan alrededor; pero, si yo no lo hubiese escuchado en su hábitat, como podría reconocerle en el ruido?  Así mismo, el Espíritu Santo siempre ha estado y estará en medio de nuestros ruidos y batallas; pero es necesario que afinemos nuestros oídos en Su presencia, que estemos cerca de él conociendo su voz para escucharle en nuestras luchas, pruebas, angustias, tristezas o enojos. Que reconfortante es escuchar su dulce voz de aliento, guía y refugio cuando nos vemos en medio de un caos; pero será tarea difícil escucharle si no sabemos cómo suena Su voz.
Te invito a entrar en la presencia del Padre a afinar tus sentidos, a qué tus oídos y tu corazón estén cerca de su dulce voz. Seguramente empezarás a reconocer su canto en medio tu caos.
Autora:  Keila Alabarca