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Guiados por una fe genuina

Guiados por una fe genuina

Leer Daniel 1:8 RVR1960

En el año 605 a. C., Daniel llegó a Babilonia junto con otros miles de judíos que fueron llevados en cautiverio después que el ejército de Nabucodonosor arrasó con Jerusalén, capital del reino de Judá.

Nabucodonosor ordenó que se seleccionaran, de entre los cautivos, a jóvenes de Ia realeza, bien parecidos, sanos, y cultos a quienes se les pudieran enseñar la lengua y la cultura de los caldeos y que fueran aptos para estar en el palacio del rey. A simple vista parecía una oferta tentadora, una gran oportunidad, y algunos hasta la llamarían una bendición. Daniel y sus amigos ciertamente llenaban los requisitos del rey, pero además de esto, ellos eran verdaderos adoradores y siervos del único Dios verdadero, un detalle con el cual no contaban sus captores.

Daniel propuso en su corazón”no contaminarse”no sólo con la comida y la bebida del rey, sino con lo que ello representaba. Daniel tuvo suficiente percepción espiritual para entender que, aunque sutil, la oferta real le llevaría a aceptar poco a poco la idolatría y paganismo babilónico. No vendió su testimonio por ninguna prebenda. Obviamente, la fe manifestada por éstos muchachos no fue improvisada, ni motivacional, sino el producto de la enseñanza de Ia palabra de Dios desde la niñez. La fe heredada por sus padres se volvió una fe propia, no prestada, sino una fe de convicción anclada en la sana doctrina. Aunque nadie los veía ellos buscaron agradar a Dios y no al rey ni así mismos. Dios honró esa fe al preservarles la salud y darle gracia delante de sus captores.

Al igual que Daniel, nosotros debemos estar llenos de la Palabra de Dios para que nuestra fe esté basada en sus promesas, para ser cristianos comprometidos, con discernimiento, para ser fieles, firmes y así poder agradarle en todos nuestros caminos.

Autora: Angela de Pérez