El zapatero

Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas. Mateo 9:36.
En cierta ocasión llevé a arreglar un par de zapatos, pero cuando fui a buscarlos no estaban listos. Vez tras vez el zapatero no los tenía.

Me sentía frustrada. Pensé decirle que era un irresponsable, y luego retirarle los zapatos. Pero el hombre, ya entrado en años, tenía algo que me impedía regañarlo. No sabía qué era; no podía explicarlo. Él siempre ponía excusas, de tal manera que me iba sin decirle nada. Una vez le aconsejé, con amabilidad, que no se comprometiera con tantas cosas, a fin de que pudiera cumplir con sus clientes.

Pasaron casi dos meses, y nada. Incluso se ausentó de su negocio durante unos días. Pero cuando nos vimos de nuevo, me contó sus problemas. Apenas pude contener las lágrimas cuando escuché su historia.

Cuando le pregunté por su hijo, que era un jovencito muy atractivo que había trabajado en la zapatería durante un tiempo, me dijo que había fallecido. Ocurrió que el joven conducía a alta velocidad por la autopista cuando fue detenido por un policía. Cuando el oficial se acercó al automóvil, el joven se disparó un tiro en la cabeza.

Además, hacía poco que otro de sus hijos se había quitado la vida. Yo no podía creer todo lo que este pobre hombre había estado sufriendo. En fatal coincidencia, también por ese tiempo habían muerto su hermano y su hermana.

Pero aun así, ¡este hombre siempre había tenido una sonrisa en su rostro! Incluso cuando me quejaba porque no estaban listos mis zapatos, se mostraba cortés y positivo. Quizás eso era lo que me indujo a tratarlo con respeto. Me contó que había perdido muchos clientes; y me agradeció porque le había tenido paciencia.

Dios me enseñó una lección vital: no herir a las personas, pues no sabemos los motivos que las impulsan a actuar como lo hacen. Debemos animar a las personas, y no ahogarlas en sus penas y dolores. Seamos como Jesús: compasivos frente al dolor, y pacientes ante los retrasos inesperados o incomprensibles.

Alina Careaga.

Tomado de: Lecturas devocionales para Damas 2015
“Jardines del Alma”
Por: Diane de Aguirre

¿Contesta Dios todas nuestras oraciones?

Un viernes en la noche salgo en mi auto con mis hijos de 4 y 7 años a realizar una diligencia, una noche normal, mucho tráfico, la gente manejando de prisa intentando llegar de prisa a su destino, voy a ingresar a la vía principal desde un carril alterno y acelero porque venían otros autos, lo que no me percate es que el carril donde estaba tenía poco metros de recorrido antes de terminar en una acera, no pude esquivarla a tiempo y me choque de frente.

De momento conmocionado, me baje para ver qué tan grave había sido el golpe, la llanta se reventó, el rin de la llanta se dobló, el guardafangos se destruyó, una pieza llamada “V” que mueve la dirección del auto se partió del impacto.
Regresé al auto sin poder hacer nada por el auto e intentar ver a quién llamaba, mis hijos llorando del susto decían que vamos a hacer, intente llamar a la aseguradora y no había respuesta, recordé a un vecino que es mecánico, pero no tenía su teléfono, llamé a mi papá y no estaba en casa, mis hijos seguían llorando cada vas más histéricos y les dije por favor dejen de llorar que estoy intentando pensar que hago, estaba molesto conmigo, semejante descuido nos costó un accidente, entre los llantos mi hijo mayor dice: “Papá debemos orar, Papá debemos orar” yo lo escuche, pero seguí pensando que podía hacer,

“Mi hijo empieza a orar y dice
“Dios mío, ayúdanos, por favor manda un policía que nos cuide, manda una grúa que nos remolque y manda a mi abuelo para que esté con nosotros, NUNCA NOS HABÍA PASADO ESO”.
Intente muchas veces llamar a la aseguradora y no contestaba, llamé a mi papá y él estaba en la iglesia, pero me dijo que iba para allá, nos bajamos del auto porque cada vez había más tráfico y los auto pasaban más rápido. Después de unos minutos llego un policía y mi hijo grita “Papá un policía”, pregunto qué había pasado y nos dijo que pusiéramos un cono de tránsito con reflector, recordé que días antes había sacado uno del auto, ahora, ¿Dónde consigo un cono con reflector?, el policía estuvo un rato con nosotros y luego se fue, minutos después entro la llamada a la operadora, le conté el problema y me enviaron una grúa y una persona para verificar lo que había pasado.

Minutos después del otro lado de la calle pasó un auto con una luces ya características debajo de las puertas y mis hijos con alegría dicen “ya ví el auto de mi abuelo, ya viene ” , esperando la grúa se detiene un auto al frente mío y me pregunta que paso, era el maestro de la escuela de mi hijo, al contarle que paso y ver donde estaba el auto, se fue a su casa a buscar un cono con reflector y me lo trajo para colocarlo en la vía principal.
Minutos después llego la grúa y el auto lo llevamos a la casa, daños considerables económicamente.
En la noche reflexiono sobre lo siguiente, en quién creo realmente, quién es mi refugio en momentos difíciles, la Biblia dice:
Salmos 28:7
El SEÑOR es mi fuerza y mi escudo; en El confía mi corazón, y soy socorrido; por tanto, mi corazón se regocija, y le daré gracias con mi cántico.

Sin embargo en algo en que debí estar preparado emocional y espiritualmente no lo estuve, sin embargo, mi hijo de 7 años si sabía en quién debíamos confiar, tal cual oró mi hijo;
“Dios mío, ayúdanos, por favor manda un policía que nos cuide, manda una grúa que nos remolque y manda a mi abuelo para que esté con nosotros, NUNCA NOS HABÍA PASADO ESO”.

Dios le respondió, pero ¿por qué no nos cuidó?, yo había orado eso, ¿por qué no nos llevó y nos trajo con bien?, me pregunte.
Dios también había respondido mi oración, en mi ingrato pensamiento, Dios nos había cuidado de un accidente peor, si el golpe hubiese hecho que yo perdiera el control, a la velocidad y la cantidad de autos que venían en la vía hubieran ocasionado un accidente fatal, pero no, después del golpe, la llanta se salió de su posición y evito que el auto avanzará y quedará exactamente en un solo carril, evitando que otros auto nos golpearan, mis hijos estaban intactos, asustados, pero bien, igual que yo, pero yo “pensé “ que mis oraciones eran literales y Dios hacía lo que yo le había pedido en oración..

A veces queremos a un Dios tipo “Santa Claus” que nos traiga regalos y responda como niños bien portados. O a un Dios que sea como las máquinas de comprar golosinas. Ponemos un billete, seleccionamos y nos da lo que queremos, cuando lo queremos. Y cuando no contesta como deseamos, nos sentimos defraudados. Queremos servir a un Dios que siempre habla, que siempre actúa, que siempre da, pero si eso ocurriera, nos sentiríamos demasiado cómodos en esta tierra.

Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dice Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos. Isaías 55:8, 9

Cuando analizo la semana, veo un cúmulo de trabajo, horas extras trabajadas, nuevas metas y sacrificios profesionales intentando alcanzarlos, sueños personales y familiares que me agotan físicamente pero estoy dispuesto a asumir contar de alcanzarlos, con la firme convicción de que Dios me respalda, pero debo esforzarme.
Todo este esfuerzo suma horas a mi sueños me resta horas a mi vida espiritual, un accidente que me hace reflexionar sobre lo que quiero y sobre lo que Dios quiere para mí.

Proverbios 2:4:5
Si como a la plata la buscares, Y la escudriñares como a tesoros, Entonces entenderás el temor de Jehová, Y hallarás el conocimiento de Dios.

Ahora te pregunto,
¿Contesta Dios nuestras oraciones?
¿Será que las cosas que Dios no contesta son mensajes de alerta a nuestras vidas?,
es un mensaje donde Dios dice no necesito de tu ayuda, necesito una relación contigo, tengo otras y mejores cosas para ti, o tengo esos sueños y metas preparados en otro tiempo con otro sacrificio, un sacrificio que es más que es esforzarte de manera personal, es esforzarte en crecer en tu vida espiritual.

Mateo 6:33
Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas

Puedo decir que en este accidente hay una pérdida material, que se puede recuperar, asustado, pero sin un rasguño para mí, ni mis hijo, pero,
si en este momento sientes que Dios guarda silencio y no responde a tus oraciones, medita en estas palabras: “he aprendido que Dios no necesita ayuda para abrir las puertas del lugar donde quiere que entres, el no necesita que te esfuerces por tus sueños si lo abandonas por el camino, Él quiere que lo búsques con convicción, con amor, creyendo que el abrió el mar rojo y abrirá las puertas necesarias para cumplir tus metas sin que descuides tu relación con ÉL.

Danny M. G.

La prueba más grande de todos

“Y extendió Moisés su mano sobre el mar, e hizo Jehová que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas” (Éxodo 14:21).

Ante los Israelitas se abrió un camino que los llevaría a la seguridad. En este momento crucial, Dios quería que su pueblo mirase aquellas murallas de agua y creyese que él mantendría el agua separada hasta que ellos pudieran llegar a salvo al otro lado. Para decirlo simplemente, Dios quería que su pueblo tuviese una fe que declarase, “Aquél que comenzó este milagro para nosotros, también lo terminará. Él ya nos ha demostrado que es fiel.

“Mientras miramos hacia atrás, vemos que todos nuestros temores fueron en vano. No debimos de haber temido cuando veíamos venir a los Egipcios. Dios levantó un muro sobrenatural de oscuridad para protegernos de ellos, y no debimos de haber tenido miedo al escuchar sus amenazas toda la noche. Todo ese tiempo, Dios nos proveyó con una luz luminosa, mientras nuestros enemigos estaban enceguecidos por la oscuridad. También temimos en vano aquellos vientos feroces, cuando todo ese tiempo Dios estaba usándolos para abrirnos un camino de escape.

“Vemos ahora que Dios sólo desea hacer cosas buenas para nosotros. Hemos visto su poder y su gloria para beneficio nuestro. Y ahora estamos determinados a no vivir más con temor. No importa si esos muros de agua se derrumban. Vivos o muertos, le pertenecemos al Señor.”

Había una razón por la que Dios quería que, en ese momento, Israel tuviese esa clase de fe. Ellos iban a enfrentar un viaje a través del desierto. Ellos soportarían privaciones, peligros y sufrimientos. Así que Él dijo, “Yo quiero que mi pueblo conozca que yo les daré sólo lo bueno. No quiero que estén con miedo de que vayan a morir cada vez que enfrenten el peligro. Yo quiero un pueblo que no le tenga temor a la muerte, porque ellos conocen que soy de confiar en todas las cosas.”

n verdadero adorador no es alguien que baila después que ha ganado la victoria. No es la persona que canta alabanzas a Dios una vez que el enemigo ha desaparecido. Eso es lo que los Israelitas hicieron. Cuando Dios partió el Mar Rojo y llegaron al otro lado, ellos cantaron y bailaron, alabaron a Dios y pregonaron su grandeza. Pero, tres días más tarde estas mismas personas murmuraron enojados contra Dios, en Mara. ¡Estos no eran adoradores – sólo eran gritones superficiales!

Un verdadero adorador es aquel que ha aprendido a confiar en Dios durante la tormenta. La adoración de esta persona no está sólo en sus palabras, sino en su manera de vivir. Su mundo está con calma en todo momento, porque su confianza en la fidelidad de Dios es inamovible. El no está temeroso del futuro, porque él ya no tiene temor a morir.
Mi esposa Gwen y yo vimos esta clase de fe inamovible en nuestra nieta Tiffany de doce años de edad. Sentados junto a su cama durante sus días finales, contemplamos en ella una paz que sobrepasó todo nuestro entendimiento. Ella me dijo, “Abuelo, yo quiero irme a casa. He visto a Jesús, y él me dijo que quiere que yo esté allí. Yo ya no quiero estar acá.” Tiffany había perdido todo su miedo a la muerte y a las privaciones.

Ese es el descanso que Dios quiere para su pueblo. Es una confianza que dice como Pablo, o como Tiffany, “Viva o muera, yo soy del Señor” Esto es lo que hace a un verdadero adorador.
Yo oro para que todos aquellos que lean este mensaje, puedan decir en medio de su tormenta: “Sí, puede ser que continúe enfrentando otra noche oscura, tormentosa. Pero yo he probado que Dios es fiel. No importa lo que venga, yo descansaré en el amor que él me tiene.”
Por David Wilkerson

Ver lo invisible,Creer lo increible y lograr lo imposible

Es muy fácil minimizar los sueños. Si los tomamos como algo sin importancia, los sueños perderán su poder y potencial. Muchas voces a tu alrededor van a sugerir que es más acertado hacerle caso a los realistas y a los prácticos. Los visionarios suelen ser personas que incomodan a otros cuando deciden hablar de sus sueños y mucho más cuando esos sueños se cumplen.

Es por eso que muchos prefieren anular las visiones de los soñadores. Todos los que cumplieron sus sueños tuvieron que callar esas voces que los invitaban a pensar que estos no eran cosa seria. Por eso,Un breve sueño bien concebido puede desencadenar una potente fuerza creadora en otras personas y así, sueño a sueño, se pueden transformar mil realidades. De todas las características que poseemos, soñar es una de las más semejantes a la imagen de Dios. No somos solo un cúmulo de moléculas ni de células; tampoco una suma de instintos repetibles innatamente. Podemos soñar y eso es algo seriamente planeado por Dios.

Él nos dio esa capacidad como rasgo fundamental de nuestra creación. Soñar equivale a crecer, conquistar, crear, arreglar y mejorar. Los sueños son una energía necesaria para mantener y refrescar la creación a nuestro alrededor. Ellos nos permiten ver lo invisible, creer lo increíble y lograr lo imposible. Por eso es que cuando soñamos podemos sentirnos completos en el Señor.Ya vienen los días en que se cumplirán las visiones.Ezequiel 12:23.

Reflexionemos un poco Cuando sueñas despierto, es lo que más anhelasí qué a Dios le gusta que soñemosí sueños aún no has podido alcanzar? ya has alcanzado?Muchas personas se han olvidado de soñar y crear pensamientos positivos acerca de un futuro con éxito y victorias quién podrías ayudar a despertar al anhelo de soñar con Jesúsí

AUTOR:LUCAS LEY

¿Qué significa amar realmente a su cónyuge?

Tal vez no sea lo que usted cree. Si realizara una encuesta entre sus amistades casadas (garantizando el anonimato) y le pidiera que valorara en una escala del 1 al 10, siendo 1 “compromiso total con mis propios intereses” y siendo 10 “compromiso total con el bienestar de mi cónyuge”, predigo que la mayoría se agruparán cerca del 5. Porque si somos honestos, la mayoría de nosotros piensa qué va a sacar de la relación, lo maravilloso que nos va a resultar todo.
¿Es eso amor? Durante los últimos años, le he preguntado a varios grupos de estudio que me digan su definición de amor. Algunos dan mayor énfasis al aspecto físico-emocional del amor, donde otros han enfatizado la naturaleza altruista del amor. Una que me gusta es: “Amor es una palabra de cuatro letras, que se compone de dos vocales: A y O, de dos consonantes: M y R, y de dos tontos: tú y yo”.

En este instante, sin intentar definir qué es amor, quiero explicarles dos planteamientos muy extraños que aparecen en las Escrituras. En Efesios 5:25 se amonesta a los esposos: “Amad a vuestras mujeres” y en Tito 2:3–4, se aconseja a las ancianas: “Enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos”. Le recuerdo que dicha construcción gramatical en Efesios 5:25 es la misma del versículo 18, donde aparece: “Sed llenos del Espíritu”. Es un mandamiento.

¿Por qué se manda al hombre a que ame a su esposa y se manda a la esposa a que ame a su esposo? ¿No es ese el sentido del matrimonio? ¿No fue esa la primera razón por la que usted se casó? Eso es lo que me dicen las parejas cuando vienen a analizar su matrimonio. ¿Por qué, entonces, se nos manda a amarnos después de casarnos?

¿Será que eso que llamamos “amor” no es amor en absoluto? ¿Será que para la mayoría de las parejas el amor viene después de la boda, si es que en verdad se hace presente?

Echemos un vistazo a 1 Corintios 13:4–8 para ver la mejor descripción (no definición) de amor que haya encontrado jamás. Léala detenidamente en una traducción moderna, tenga en mente las implicaciones que tendría en el matrimonio. El pasaje se lee usualmente durante las bodas e inspira incluso a los no creyentes por su belleza y poesía. Pocos, sin embargo, ven las implicaciones prácticas.

“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”.

“El amor nunca deja de ser”.

Ese pasaje es demasiado complicado para poder digerirlo de una sola vez, así que tome algunas de las ideas claves. El amor es paciente y benévolo, nunca exige que las cosas se hagan a su manera; no es un “sabelotodo”, sino que es comprensivo, no se ofende con facilidad; es cortés; muestra una actitud positiva ante los problemas. Todas esas características del amor van dirigidas al bienestar de la persona amada.

¿Pero todas estas cualidades del amor necesitan de un “sentimiento” afectuoso hacia la persona amada? No responda sin pensar. ¿Cuán cálido tiene que ser el sentimiento para que uno sea benévolo, para que uno sea paciente? Verá, el tipo de amor que se describe en 1 Corintios 13 no hace énfasis en las emociones, sino en las actitudes y las acciones, que no son ajenas a nuestra voluntad.

Déjeme decirle la segunda mitad de la oración que comencé antes. En Efesios 5:25 leemos: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella”. Bien, ¿cuál fue la posición de la iglesia cuando Cristo se entregó a sí mismo por ella? ¿Fueron aquellos que Él amó benévolos, considerados y pacientes para con Él? Por el contrario, el mejor de ellos maldijo y sentenció: “No conozco al hombre” (Mt. 26:74). Romanos 5:8 plantea que Dios mostró su amor hacia nosotros, aunque éramos asquerosos, egoístas y aborrecibles, al Cristo morir por nosotros.

Dios nos amó cuando fuimos tan despreciables. Por esto el esposo recibe el mandamiento de amar a su esposa, aun cuando esta no es tan amorosa. Verá, cualquier hombre puede amar a una mujer que le ama. Para eso no se necesita mandamiento alguno. Ese es el tipo de amor que conocíamos antes de casarnos. Era muy amoroso con ella porque ella era amorosa conmigo, ¿pero como debo reaccionar ahora que mi cónyuge no es amorosa? He aquí el momento en que la advertencia bíblica nos auxilia. Si respondo con benevolencia, comprensión, paciencia y cortesía, facilito, al tiempo que hago posible, que ella responda de la misma manera.

Sería injusto si no expresara con claridad mis profundas dudas de que usted jamás será capaz de demostrar un amor así de altruista sin la ayuda del Espíritu Santo. Las Escrituras plantean: “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Ro. 5:5). La capacidad de responder con amor nos viene de Dios. Tengo la oportunidad de ser el agente de Dios en lo que respecta al amor a mi esposa. Nadie en todo el universo se encuentra en mejor posición para amar a mi esposa que yo. No debo perder esa oportunidad. Si estoy dispuesto a volverme a Dios, admitir mi falta de amor, sí, incluso mi amargura y odio, y aceptar su perdón y pedirle que ame a mi esposa por medio de mí, podré convertirme en un amante por excelencia.

Lo que sucede con frecuencia es lo siguiente: Mi esposa hace algo que yo creo que está mal, o peor, no hace algo que yo creo que debió haber hecho. De inmediato, mis sentimientos para con ella se vuelven negativos. Dichos sentimientos negativos pueden bien ser espontáneos y ajenos a mi voluntad. Pero lo que yo haga con dichos sentimientos no es ajeno a mi voluntad. Si sigo mi naturaleza básica, expresaré los sentimientos con palabras cortantes o mediante el trato silencioso e hiriente. Ambos llevarán a cabo la tarea de amargarnos a los dos. Mis acciones negativas tendrán la tendencia de provocar en ella reacciones negativas.

En 1 Corintios 8:1 se afirma: “el amor edifica”. La palabra edificar significa construir. El sustantivo es la palabra edificación o construir. Por consiguiente, amar a mi cónyuge significa construir a mi pareja. Uno de los más poderosos medios de edificación es el cumplido. Busque algo pequeño o grande que le guste acerca de su pareja y exprese reconocimiento.

Se cuenta la historia de una mujer que fue a pedir consejo a un consejero matrimonial. “Quiero divorciarme de mi marido”, confesó, “y quiero herirlo lo más profundo que pueda”. “En ese caso”, aconsejó el terapeuta, “comience a decirle la mayor cantidad de cumplidos que pueda. Cuando se haya usted hecho imprescindible para él, cuando él crea que usted lo ama con devoción, comience el proceso de divorcio. Así es cómo lo va a herir más”.

Unos meses más tarde, la esposa regresó a ver al terapeuta para informarle que había seguido el curso de acción que le había sugerido. “Bien, este es el momento para comenzar el divorcio”, dijo el terapeuta. “¡Divorcio!”, dijo la mujer indignada. “¡Nunca! Me enamoré de él”.

“¿Cómo puedo decirle un cumplido si el me trata de manera tan horrible?” Podría preguntar una esposa. Con la ayuda del Espíritu Santo, la Biblia da una respuesta. ¿No nos advierte Jesús en Mateo 5:44: “Amad a vuestros enemigos,… y orad por los que os ultrajan y os persiguen”? Si amamos en la cara del maltrato, podemos redimir nuestro matrimonio.

Si aprendiéramos del tremendo poder del cumplido, rara vez volveríamos atrás para quejarnos, como en el siguiente ejemplo:

La esposa observa por la ventana que el esposo casi terminó de cortar el césped del jardín. Entonces se decide: “Este es el momento para golpear”. Sale, pone sus manos alrededor de su boca y grita, haciéndose notar por sobre el ruido de la segadora: “¿Tú crees que puedas limpiar las canaletas por la tarde?” Imagine, el esposo de ella acaba de pasar dos agotadoras horas cortando el césped y lo único que recibe es otra tarea. No puedo decirles que va a responder él, pero sí puedo decirle lo que pensará: ¡Mujer, déjame en paz! ¿No se hubiera sentido él mejor si ella hubiera salido con un vaso de limonada y le hubiera dicho lo bien que había quedado en jardín?

No le garantizo que su esposo se ofrezca voluntario para limpiar las canaletas, pero le garantizo que el cumplido será recibido con gran regocijo. Un esposo se siente mucho más motivado a participar en las tareas del hogar cuando recibe un cumplido como recompensa.

Claro, esto también sirve para el esposo. Una esposa de veinticinco años de casada, recordó su irritación cuando llegó a su casa cansada del trabajo y comenzó a preparar la cena. “Me encontraba preparando algo con muchos vegetales. Mi esposo miraba la sartén al tiempo que decía: ‘¿Y la carne?’ Quise darle una bofetada y decirle: ‘Bien, cocina tú’”. Hubiera sido mucho mejor que el esposo hubiera expresado su agradecimiento por una comida hecha en casa, ¡aunque no tuviera carne!

Otra manera de expresar amor por medio de las palabras es hablar con benevolencia. El amor es benévolo (1 Co. 13:4). Esto se relaciona con la manera en que uno habla. “La blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor” (Pr. 15:1). ¿Por qué grita cuando habla con su cónyuge? ¿Por qué habla con aspereza? Porque sigue sus sentimientos negativos. Se puede hablar amablemente incluso siendo presa de sentimientos negativos si se escoge la ayuda de Dios.

No hay nada malo en admitir los sentimientos de uno ante la pareja si lo hace con amabilidad, particularmente cuando se remuerde en su interior. La esposa dice con gentileza: “Te amo mucho, mi amor y eres un esposo extraordinario pero me hace falta que le eches un vistazo a la computadora como me prometiste hace ya varias semanas”. No le hará daño decir un elogio junto con una petición de manera amable.

Otra manera de expresar amor es mediante las palabras de aceptación. Asegúrele a su cónyuge que él o ella puede ventilar sus ideas sin que usted se ponga a la defensiva y se sienta atacado. La esposa dice: “Siento que ya no me amas igual que antes”. Por naturaleza, el esposo responde: “¿Cómo puedes decir eso? ¿Es que no te acuerdas del bolso que te compré hace tres años y de la vez que te llevé a almorzar al salir de la iglesia el verano pasado?”. ¿Qué está haciendo él? Está condenándola por la manera en que se siente. Es mucho mejor decir: “¿Cómo es eso, mi amor? ¿Qué te hace sentirte así?”. Permítale expresar sus sentimientos y entonces acepte sus palabras. Busque maneras de velar por dichos sentimientos, en vez de condenarlos.

Hablar con amor también significa que utilicemos palabras en tiempo presente. El amor no lleva la cuenta de los errores, no saca a relucir el pasado con cada nueva crisis. Si los errores del pasado ya han sido confesados, ¿para qué revivirlos? El amor solo habla de los hechos del presente y no arma sus alegatos refiriéndose a cada una de las imperfecciones del pasado. Algunas parejas se hieren a muerte con errores del pasado. Cosas así demuelen el “edificio” del matrimonio.

¿Qué parecerían nuestros matrimonios si nos rigiéramos realmente por el consejo de Juan, el discípulo amado por Jesús, de amar no solo con palabras, sino con acciones (1 Jn. 3:18)? ¿Cómo respaldar lo que decimos con lo que hacemos?

El amor es paciente. Por consiguiente, si queremos expresar nuestro amor con nuestro comportamiento, debemos mantener un comportamiento paciente. Las implicaciones en este punto son de gran envergadura. Esto eliminaría su caminar de un lado a otro mientras su esposa se arregla para salir. ¿Por qué no se sienta y se tranquiliza? Su comportamiento impaciente no aumenta la velocidad de ella. Sencillamente altera su propio espíritu y puede resultar incluso dañino físicamente. Usted no necesita ser impaciente. Usted puede elegir. ¿Por qué no amar?

El amor es benévolo. Los actos de benevolencia constituyen una de las voces más fuertes del amor. Uno se ve limitado solo por su imaginación y voluntad. Los tulipanes que venden en los supermercados nos dicen a todos en los grises días de invierno: “Te amo”, excepto a la esposa que es alérgica a las flores. Ese texto que en medio de la vorágine del trabajo dice: “Eres el mejor esposo del mundo”, bien puede convertirlo en el mejor. Una cena sorpresa en un restaurante comunica: “Eres especial” a una esposa que regularmente prepara las comidas para toda la familia.

El amor es cortés. La palabra cortés significa “relativo a modales de la corte, educado”. ¿Es que ha olvidado los detalles? ¿Trata a otras personas con mayor cortesía que a su cónyuge? Ya somos muchos los que llevamos demasiado lejos la idea de que “el hogar de un hombre es su castillo” y nos comportamos de una manera que ni en sueños repetiríamos en la oficina o la iglesia. Igual de errados, pasamos por alto las pequeñas sutilezas: Los sencillos “buenos días”, los besos al llegar del trabajo, tomar del brazo a su esposa para ayudarla a cruzar un charco de agua en el estacionamiento. Llamar para decir: “Me voy a demorar” no es más de lo que haría por cualquier otra persona con quien tiene una cita y con la aparición de los teléfonos celulares, es algo sencillo. ¿Por qué no tratar a su cónyuge con la misma cortesía y respeto con que trata a los demás?

El amor no es egoísta. El amor vela por los intereses de la persona amada. Si un esposo viviera con la perspectiva de ayudar a su esposa a alcanzar su mayor potencialidad y la esposa viviera con la perspectiva de ayudar a su esposo a alcanzar su mayor potencialidad, seguirían el ideal bíblico.

Si pudiera parafrasear a 1 Pedro 4:8 “el amor cubrirá multitud de pecados”, diría: “El amor acepta muchas imperfecciones”. El amor no exige perfección por parte de nuestro cónyuge. Hay cosas en las que su pareja no cambiará o no está dispuesto a hacerlo. A ellas llamo imperfecciones.

En el matrimonio descubrirá cosas en su cónyuge que no le gustarán. Puede ser la manera en que cuelga las toallas (¡o que no cuelga las toallas!). Puede ser la emisora de rock clásico que sintoniza en el radio del automóvil… la manera en que tiende a interrumpir… la molesta manía que tiene él de olvidar los nombres de las personas… cómo deja ella los zapatos en el medio para que usted tropiece.

El primer paso es pedirle que cambie. (Si puede usted cambiar, ¿por qué no hacerlo? Es una forma sencilla de hacer feliz a su cónyuge.) No obstante, le aseguro que hay cosas que su pareja no va a cambiar o que no puede cambiar. Este es el punto en que “el amor acepta muchas imperfecciones”. Queda en usted decidir hasta qué punto aceptará.

Algunos de ustedes han librado batallas durante años por cosas tan triviales. ¿Podría ser este el momento para llamar a un cese al fuego y hacer una lista de las cosas que aceptará como imperfecciones? No quiero quitarle las esperanzas, pero su cónyuge jamás será perfecto. Él o ella nunca lo harán todo de la manera que usted desea. ¡Su mejor alternativa es aceptar el amor!

Extracto tomado del libro El matrimonio que siempre ha deseado de Gary Chapman. Una publicación de Editorial Portavoz. 

Dos Realidades de la Cruz

De todas las cosas asombrosas que descubrimos acerca de Dios en la Biblia, lo más maravilloso es darnos cuenta de que Su corazón está lleno de amor y misericordia. No es en realidad lo que merecemos, pero la Biblia revela que Dios – si nos arrepentimos – quiere perdonarnos.

Jesús enseñó y demostró que Dios es el Padre misericordioso y piadoso que recibe a los pecadores. ¡Cristo murió por nosotros! Ese amor perdonador es tan esencial en el carácter de Dios que el apóstol Juan puede decir: “Dios es amor” (1 Juan 4.8).

La mayoría de las personas conoce de modo general la historia de cómo murió Jesús. Muchos saben que Jesús murió pero no comprenden por qué. He aquí dos realidades de la cruz:

En primer lugar, podemos destacar que Jesús murió para redimirnos. En los tiempos bíblicos la redención era un término técnico para el dinero que se pagaba para rescatar a un prisionero de guerra. Eso es lo que Dios hizo cuando Jesucristo murió por nosotros. El apóstol Pedro dice que teníamos que ser liberados de la vida inútil y sin rumbo, ser rescatados de esa vieja manera de vivir, ya que a la larga lleva a la muerte y al juicio de Dios.

En la cruz, Jesús pagó (de una vez por todas) por los pecados de todas las personas que crean en Él. Pagó ese precio para redimirnos, es decir: rescatarnos y darnos libertad.

En segundo lugar, murió para reconciliarnos con Dios. Cuando se crucificaba a una persona en el Imperio Romano, se clavaban en la cruz la lista de sus delitos para que todos supieran la razón por la que se le castigaba. Cuando Jesús fue crucificado – durante la celebración de la Pascua – los soldados clavaron una señal en la cruz que decía: “Jesús Nazareno, Rey de los Judíos”. La acusación contra Jesús fue que Él era un rey, un rebelde contra el emperador romano y una ofensa a los judíos que estaban buscando un tipo diferente de rey.

En Colosenses 2.13-14, el apóstol Pablo toma esa metáfora de la acusación y dice que la lista de acusaciones contra nosotros también fue clavada en la cruz. Todas las leyes que habíamos quebrantado, todos los requisitos que habíamos dejado de cumplir que estaban ahora “contra nosotros”, fueron clavados por Dios en la cruz. Se puso allí la lista de nuestros pecados pero no tuvimos que morir por ellos. ¡Jesús murió por ellos en nuestro lugar!

Se han retirado todas las acusaciones contra nosotros, ya que el castigo se ha cumplido. Se nos ha declarado inocentes, no porque lo merezcamos, sino porque todas nuestras ofensas contra Dios se han puesto sobre Jesucristo, quien satisface a Dios el juez justo. ¡Nunca podremos agradecerle o alabarlo de modo suficiente por morir a fin de darnos vida!

Al acercarse la Semana Santa, le animo a reflexionar en estos dos hechos trascendentales del sacrificio de Jesús, de modo que su corazón se abra al amor, el perdón y la gracia de Dios.

¡Vivamos una vida al 100 %!

Por Pastor Rubén Kassabián

La Almohada y La Frazada

Hace mucho tiempo, una niña de una familia adinerada se preparaba para ir a la cama. Decía sus oraciones cuando oyó un sollozo a través de su ventana. Un poco asustada, se asomó por su ventana. Otra niña, quien parecía de su misma edad y desposeída estaba parada en el callejón junto a la casa de la niña rica.

Su corazón se identificó con la niña desposeída, ya que estaban en lo más frío del invierno, y la niña no tenía frazada, tan sólo viejos periódicos que alguien había tirado. A la niña rica se le ocurrió una brillante idea. Llamó a la otra niña y le dijo: “Hey, tú, por favor acércate a mi puerta”. La niña desposeída estaba tan asombrada que solo pudo asentir.

Tan rápido como se lo permitieron sus piernas, la niñita bajó las escaleras hasta el closet de su madre y tomó una vieja frazada y una gastada almohada. Tuvo que caminar lentamente a la puerta del frente para no tropezar con la frazada que colgaba, pero finalmente lo logró.

Dejando caer ambos artículos, abrió la puerta. Parada allí estaba la niña desposeída, visiblemente atemorizada. La niña rica sonrió cálidamente y le entregó ambos artículos a la otra niña. Su sonrisa se ensanchó al observar la genuina sorpresa y felicidad en el rostro de la otra niña. Ella se fue a la cama increíblemente satisfecha.

A media mañana del día siguiente alguien tocó a la puerta. La niña rica voló a la puerta esperando ver a la otra niña allí. Abrió la gran puerta y miró fuera. Era la otra niñita. Su rostro se veía feliz y sonrió. “Supongo que no querrás estos de vuelta”.

La niña rica abrió su boca para decir que podía quedárselos cuando se le ocurrió otra idea. “No, sí los quiero de vuelta”. El rostro de la niña desposeída se entristeció. Esta obviamente no era la respuesta que había anticipado. A desgano, dejó los gastados artículos en el umbral y se volteó para irse cuando la niña rica le gritó: “¡Espera! Quédate allí”.

Se volteó a tiempo para ver a la niña rica corriendo escaleras arriba y por un largo corredor. Decidiendo que sin importar lo que la niña rica hiciese, no valía la pena esperar, se volteó y se alejó. Al dar el primer paso, sintió que alguien le tocó el hombro. Al voltearse vio a la niña rica, tirándole una nueva frazada y almohada. “Ten éstas”, dijo suavemente. Estas eran las suyas, hechas de seda y plumas.

Al crecer las dos, no se vieron mucho, pero nunca estuvieron muy lejos la una de la otra en sus mentes. Un día, la niña rica que ahora era una mujer rica, recibió una llamada telefónica de alguien. Un abogado que decía que necesitaba verla en su oficina.

Cuando llegó a la oficina, le dijo lo que había pasado. Hace cuarenta años, cuando ella tenía nueve años, había ayudado a una niña necesitada que creció para convertirse en una mujer de clase media con esposo y dos hijos. Ella había muerto recientemente y le había dejado algo en su testamento. “Aunque”, dijo el abogado, “es la cosa más peculiar. Le dejó una almohada y una frazada”.

Autor Desconocido
Hay cosas en la vida que quizás no tengan mucho precio para algunos, pero para otros pueden ser de mucho significado, especialmente cosas que con amor y comprensión y mucho corazón alguién compartió. Hay mucho que podemos hacer y que podría impactar la vida de otros. Hoy puede ser ese día en que podrías impactar la vida de otro con un gesto, un presente o solo una sonrisa pero con mucho corazón.

El odio despierta rencillas; Pero el amor cubrirá todas las faltas. Proverbios 10:12

Me llevó a la casa del banquete, Y su bandera sobre mí fue amor. Cantares 2:4

“En verdad os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos hermanos míos, aun a los más pequeños, a mí lo hicisteis.” Mateo 25:40

Dios te llama a ti

“Pues Dios nos salvó y nos llamó para vivir una vida santa. No lo hizo porque lo mereciéramos, sino porque ése era su plan desde antes del comienzo del tiempo, para mostrarnos su gracia por medio de Cristo Jesús”. 2 Timoteo 1:9 NTV

Probablemente éste sea el primer escrito de su servidor que estés leyendo al haber entrado a éste blog, te invito a que antes de que sigas puedas darle un vistazo a los tres temas anteriores: Escuchando Su Voz, En busca de lo perdido, ¿Qué busca Dios?

Voy a hacer uso de mi fe para creer que por lo menos leíste los subtítulos de cada tema y ahora tendrás una idea de lo que quiero hablar en esta última parte, sólo que lo quiero hacer de una forma diferente. Primero vamos a tomar un tiempo para orar a Dios. Ahí donde éstas puedes inclinar tu rostro y decirle a tu Padre Eterno que hable a tu vida, si nunca has orado o no sabes como empezar te dejo una pequeña oración para que puedas comenzar.

Padre Celestial, te pido ahora en el nombre de tu Hijo Jesús, que puedas hablarme mientras leo este escrito, deseo escuchar la voz del Espíritu Santo en mi interior. Dame Señor un espíritu sensible a tu presencia y abre mi entendimiento para comprender lo que tú me quieres enseñar hoy. Gracias por éste tiempo. Amén

Hace unas semanas, estaba orando a Dios y puso en mi corazón que orara para que se levantaran tres tipos de personas: los obreros, los adoradores y los intercesores. Pero en específico que orara para que fuera arrancado de sus vidas un espíritu de estupor que no los dejaba escuchar a Dios.

Quiero atreverme a hacer algo, y oro a Dios que mientras lees esto en el nombre de Jesús, donde quiera que estés, lanzo la palabra y pido al Espíritu Santo que arranque ese espíritu de estupor, es arrancado de tu vida, de tus oídos, y así como Jesús dijo “efata”, en este momento creo que tus oídos espirituales son abiertos.

Tienes que saber que Dios te salvó

Vamos de vuelta al verso clave de éste tema. 2 Timoteo 2:19. Este verso nos enseña que Dios ya nos salvó, no porque lo merezcamos, simple y sencillamente porque él así lo quiso, si tú eres un creyente nacido de nuevo y seguidor de Cristo, el Padre ya te ha separado para que vivas de una manera agradable para él.

Ya no te auto condenes, ya no te auto castigues. Cristo ya llevó tus pecados, entrégale todo a él y no luches con tus propias fuerzas. En Cristo somos más que vencedores y podemos vencer cualquier pecado. Te digo esto porque la principal razón por la que no queremos o no nos atrevemos a servir al Señor, es porque en algún momento hicimos algo que sabíamos no era lo correcto. Pero si Jesús ya te salvó y te ha lavado con su sangre preciosa, ya no hay condenación contra ti, al menos que nos auto condenemos.

No solo eres salvo, también Dios te llamó

Algo que me impactó en los últimos días es saber que tenemos un llamado especial que Dios nos ha hecho, y no me refiero al llamado para pastor, maestro, evangelista, profeta o apóstol.

El primer llamado que Dios nos hace es el de tener comunión con Cristo. “Fiel es Dios, quien los ha llamado a tener comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor” (1 Corintios 1:9 RVC). Antes de cualquier otra cosa, lo primero que debemos hacer es tener comunión con Cristo. Esa es como nuestra salida inicial en la carrera de cada día.

Dios te llamó a ti, si estás leyendo esto. Nunca olvides que el principio de todo llamado a servir a Dios, es el de pasar un tiempo especial con Cristo. Solo a sus pies podemos entender grandes verdades.

Un llamado especial para tu vida

Ahora que sabemos que lo primero siempre debe ser Cristo. Lo siguiente es responder al llamado que Dios te está haciendo en éste momento. El Señor haciendo el llamado a los obreros para que vayan y prediquen las buenas nuevas de salvación. La Biblia dice que ya la cosecha está lista, solo necesita gente que vaya y recoja esa cosecha.

Si últimamente has sentido la carga por las almas, déjame decirte que es Dios mismo poniéndola en tu corazón para que te levantes y hagas algo por todas esas personas que se están perdiendo.

Dios también está haciendo el llamado a los adoradores para que sean quienes traigan la presencia de Dios del cielo aquí en la tierra. Cristo era un adorador y a donde quiera que fuera, esa atmósfera de gloria traía sanidades y milagros entre las multitudes.

A muchos de ustedes, les ha nacido el deseo de buscar al Padre en cantos de adoración y con obediencia total, se han recargado en el pecho del Maestro como lo hacía el apóstol Juan para escuchar el latido de su corazón. A ti te digo, esos son los lazos de amor con los que Dios te está atrayendo a él.

Hay un llamado especial para los intercesores, quienes pasaran horas y horas conversando con Su Creador. Él te contará sus planes y tú podrás orar e interceder por otros como lo hicieron los hombres de la Biblia como Abraham. Serás llamado amigo de Dios. A ti, el Espíritu Santo te ha despertado mañana tras mañana para orar por algo o alguien en específico; es porque está poniendo en ti un espíritu guerrero que interviene a favor de muchos otros.

Te aliento a que puedas responder HOY a este hermoso llamado que DIOS está poniendo en tu espíritu. Levántate y plántate delante de Dios. Sé tú ese obrero, ese adorador o ese intercesor que Dios estaba buscando.

Qué legado estas dejando?

¿Te has puesto a pensar que hoy puede ser tu último día acá en la tierra?, ¿Te has puesto a pensar sobre que legado estás dejando a tus seres queridos? Y no es que estemos deseando la muerte, pero cada día tenemos la misma probabilidad de cualquier otra persona del planeta de seguir viviendo o no, pero más allá de eso: ¿Qué legado estamos dejando?

Entre las muchas definiciones de legado encuentro esta: “Lo que se deja o transmite a cualquier sucesor”.

En la historia podemos ver hombres de Dios que dejaron ese legado, entre ellos: Moisés dejo legado a Josué, Elías dejo legado a Eliseo, nuestro Señor Jesús dejo un legado maravilloso en sus discípulos. Ahora bien, ¿Qué legado dejaríamos este día si fuera el último día de vida que tuviéramos en esta tierra?

A veces vivimos la vida sin sentido, sin la idea de dejar un legado a nuestros seres queridos. Cómo padre de dos niños(Uziel y Valentina), quiero dejarles el mayor legado que puedo trasmitirles: el amor hacia Dios y la conciencia de que somos lo que somos solamente por Dios.

A veces pienso que cuando ya no este en esta tierra mis hijos leerán mis más de mil escritos en la web y se darán cuenta que su papá amo a Dios hasta el último día de su vida, leerán publicaciones que escribí especialmente para ellos, mensajes que les dejo los cuales en algún momento de su vida les servirán, todo ello me hace estar tranquilo que a pesar que no soy el mejor padre que existe puedo decir con convicción que estoy dejando un legado a los que amo.

Cuando pienso en dejar un legado también pienso en ser recordado como aquel hombre imperfecto que decidió buscar la perfección cada día, que tropezó cientos de veces pero que también se levanto en cada una de ellas, un hombre que a pesar de ser débil trato de ser fuerte en su debilidad, un hombre que aprendió de los errores y transmitió esos conocimientos a otros que cómo él pasarían por lo mismo.

¿Cuál es tu legado?, ¿Qué estás dejando a las personas que amas?, ¿Cómo serias recordado?

Hoy te animo a vivir cada día con la única intención de dejar un legado tal que la gente pueda decir: “Ese hombre fue un hombre de Dios” ó “Esa mujer fue una mujer de Dios”, que la gente al recordarte pueda ver en ti la imagen de Cristo reflejada, que el día que ya no estés acá en la tierra puedas ser un ejemplo a imitar para aquellos que se queden, que la gente quiera ser como tú, que la gente quiera imitarte, porque tú también imitas a Cristo.

Pablo lo dijo de esta manera: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.” 1 Corintios 11:1 (Reina-Valera 1960).

Vivamos cada día como si fuera nuestro último día, vivamos cada día con una pasión tan fuerte por Dios que nos haga tratar de agradarlo en todo lo que hagamos para que un día seamos recordados como personas que buscaron a Dios e intentaron agradarlo, pero sobre todo vivamos cada día como si fuera el último de tal forma que Dios se sienta totalmente orgullosos de lo que somos y hacemos para Él.

Las estaciones de la Vida

Como el ciclo de la naturaleza -primavera, verano, otoño e invierno – la vida tiene un ciclo natural. Cada parte del ciclo es necesaria. Necesitamos invierno para que las plantas y tierra puedan descansar e hibernar. Cuando esto ocurre, la renovación de la primavera puede ser de lo más gloriosa.
Lo mismo es verdad de nuestras vidas espirituales y de la iglesia. Nuestras vidas pasan por estaciones que nos preparan para servir a Dios de las maneras únicas para esa edad. En cada fase, podemos mantener las calidades necesarias para honor del Señor.

Salomón declaró que hay un tiempo para nacer y un tiempo para morir (Eclesiastés 3: 1-8). Entre esos dos hitos están las oportunidades para servir. David repasó lo que había observado en la vida. Aunque él fue una vez joven, declaró, “Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan.” (Salmos 37:25).

El tiempo es precioso “Los días de nuestra edad son setenta años; y si en los más robustos son ochenta años, con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan, y volamos.” (Salmos 90:10).
Necesitamos usar nuestro tiempo sabiamente porque es un recurso finito. “cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.” (Santiago 4:14).

Primavera: Preparación Y Desarrollo Para La Vida
Salomón dice que hay un “tiempo para nacer” (Eclesiastés 3:2). La primavera se caracteriza por un estallido de energía, crecimiento y belleza. Para los humanos es un tiempo de desarrollo. Empieza con los años de niñez inocente y se extiende a los años de adolescencia, cuando la gente joven empieza a descubrir sus intereses y talentos. Ellos se sorprenden a menudo al encontrar que pueden hacer muy bien varias cosas; éste es un empujón necesario a su confianza en sí mismos.

En sus tempranos 20s, están preparándose para la vida – en la universidad, quizás, desarrollando las habilidades que necesitarán para su profesión. Incluso Jesús progresó de esta manera. “Y Jesús crecía” nos dice “en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres.” (Lucas 2:52).
La primavera también es un tiempo para la preparación espiritual cuando vemos el temprano florecimiento de los talentos de nuestra gente joven. Estos talentos han sido desarrollados a través del cuidado de los padres, maestros de clases de Biblia y otros. Las iglesias cometen un grave error cuando no creen que los jóvenes son dignos de la oportunidad para enseñar en las clases de niños, dirigir cantos y desarrollar sus talentos.

Los líderes de la iglesia deben hacer las oportunidades disponibles, tal como las pasantías y campañas de verano para Cristo. Debemos apoyar de buena gana a la gente joven cuando ellos demuestran un interés en estas oportunidades. Este es un medio para que ellos aprendan a desarrollar un hábito perpetuo de servir.
Permítales creer que el compromiso con una congregación es la norma. ¡No les permita saber que la cuenta de sus ancianos ha descubierto que usted puede venir el domingo por la mañana solamente y permitirle a otras personas llevar la carga del trabajo, servicio, crecimiento de la iglesia! Para el tiempo en que ellos descubran esto, estarán en el hábito de servir de todas maneras.

Salomón nos alerta “Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud…” entonces no nos iremos de Él cuando seamos viejos (Eclesiastés 12:1). Desde el principio, nuestra gente joven debe poner el mismo énfasis en la excelencia mientras sirve al Señor como debe poner en otras áreas de sus vidas. “Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas…” (9:10). Su motivación para desarrollarse debe ser el honor que esto dé a Dios.

Si resulta que usted es bueno para construir armarios, hágase el mejor fabricante de armarios que pueda ser y use esa destreza para Dios. Si usted es un director de cantos, use cada oportunidad para aprender más sobre el arte. Si usted tiene la habilidad del comunicarse con los niños, entonces desarrolle esa habilidad y ¡llévelos a Cristo Jesús!

Nunca tenga una actitud como “esto es suficientemente bueno”. ¡Dé lo mejor que usted tenga para Dios, no las sobras! Un viejo profesor mío decía, “Cuando viene a servir al Señor, no hay tal cosa como ser sobre-preparado”.

Verano: La Flor De La Vida
Verano es la principal estación creciente. Usted puede imaginarse al maíz creciendo en los días calientes y noches de verano calurosas y el césped creciendo alto. Esto no es necesariamente la flor de la vida espiritual, sin embargo. Porque a diferencia de la gimnasia de mujeres, ¡no alcanzamos la cumbre espiritualmente en nuestra temprana adolescencia!, pero en términos de fuerza física y vigor juvenil, los años entre 26 y 45 son caracterizados por gran actividad.

“El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa.” (Mateo 13:22). A veces estos años son un tiempo de distracción. Con un romance, familia y los años tempranos de una profesión, nos acosamos y nos desviamos, como Marta (Lucas 10: 41-42).

Cuando usted empieza una profesión, lo hace para ir al fondo de la carrera. Toma algún tiempo, sin embargo, como un padre joven, servir en la iglesia entrenando a sus niños espiritualmente. “ …criadlos en disciplina y amonestación del Señor.” (Efesios 6:4). Levantar a una familia es parte de su proceso de maduración tanto como de sus niños. No sólo cría mejor a los niños en el Señor; ¡esto hace mejor a los padres!

Otoño: Trabajar Más Inteligentemente
En muchas maneras, entre las edades de 46 y 60, puede ser considerado la flor espiritual de su vida. La sabiduría continuará (o debe continuar) creciendo, pero ésta es la era cuando usted puede combinar la sabiduría con la energía.

Usted empieza a tomar alguna dirección en la comunidad, en el lugar de trabajo y en la iglesia. (Esto es, si usted ha hecho más que simplemente envejecer – si usted también está creciendo más sabio y más piadoso). Usted no puede permitirse el lujo de estar como los hebreos en el momento de la escritura de la epístola “debiendo ser ya maestros” (Hebreos 5: 12-14) todavía no habían crecido lo suficiente. ¡Había pasado tiempo cronológicamente, pero el proceso de maduración no había ocurrido!

“Para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error” (Efesios 4:14). ¿Qué características debe exhibir la madurez? Debe demostrar estabilidad espiritual y emocional.
¿Es su cristianismo un buque de rueda, o puede la iglesia depender de usted día a día, semana a semana? Debemos tener la habilidad de ver a través de las pantallas de humo de la falsa enseñanza y religión para ver. Jóvenes cristianos podrían ser engañados, pero nosotros podemos ver más allá.

Aquí está mi desafío a mis compañeros: ¿Está usted listo para dirigir al pueblo de Dios? Tenemos tanto tiempo para menospreciar a nuestros ancianos, los dirigentes. ¿Estamos listos? ¿Cuándo es tiempo para empezar a prepararnos?

El peligro en esta estación es si aquéllos de nosotros se encuentran pasando a las posiciones de poder cuando no nos hemos verdaderamente desarrollado. ¿Qué está haciendo espiritualmente? ¿Está usted volviéndose emocional y temperamentalmente maduro? ¿Se dedica a Dios y a la iglesia? En la iglesia tendrá la dirección; la única pregunta es qué tanto; ¿Maduro? ¿Dedicado? ¿Generoso? ¿Bíblico?

Invierno: Tiempo, Tiempo, Tiempo
Miembros de 60 o más son el gran recurso sin usar de la iglesia. Piense en la demografía. Más y más personas mayores son jubiladas cada vez. Ellos están razonablemente en buena salud. Y son, o deben ser, espiritualmente maduros.

Uno podría conjeturar un período de 10 a 20 años de servicio productivo para Cristo en este grupo demográfico. ¡Un recurso para el Señor!
Siempre hemos tenido este tipo de personas. Siempre nos hemos beneficiado de ancianos que estaban deseosos de servir en la iglesia. “Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo.” (Colosenses 4:5).
¡Si usted no está consciente en esta era de la brevedad de la vida, entonces usted no está pensando! ¡El tiempo es corto! Siempre fue una simple cuestión de años comparado con la eternidad, pero esto es cierto especialmente ahora. Viva sus días como si ellos fueran sus últimos (usted siempre debe hacerlo, pero especialmente ahora). Dios le ha dado otra oportunidad para arrepentirse. Él le ha dado otra oportunidad para perdonar. ¡Él le ha dado otra oportunidad para servir! ¡Use este tiempo sabiamente!

UNA DIRECCION, NO UN CÍRCULO
Aunque pasamos por las estaciones de la vida, un ciclo, la vida tiene un fin. Está acercándose hacia un clímax. El juez de toda la tierra nos hará responsables por la manera en que usamos nuestras oportunidades y talentos. ¿Cómo evaluará El nuestros esfuerzos? Esa es la gran pregunta de la existencia humana.
– Stan Mitchell