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Devocional

Tengo algo para dar

Tengo algo para dar

Muchas veces nos conformamos con nuestro bienestar y no nos conectamos con la necesidad del prójimo dejando a un lado el pasaje que dice: “ama a tu prójimo como a ti mismo”.
Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén. Mateo 28:19-20
En muchas ocasiones este pasaje lo leía e interpretaba con ir a las misiones y evangelizar, lo cual no está mal, pero limitaba mi pensamiento solo para ganar a los que no conocen a Jesús.  Con el tiempo comencé a comprender  que para ir a todas las naciones primero debía pensar en mi nación y que lo primordial era mi prójimo, que no solo se limitaba al  perdido espiritualmente,  sino también a mi hermano dentro de la iglesia.  En 1 Corintios 12:12 menciona su palabra,  que cada uno es parte del cuerpo de Cristo y tenemos una función indispensable en Él para el crecimiento no solo del reino sino también en la vida de nuestro prójimo y por lo general esto lo pasamos por alto. Esta verdad me permitió  cambiar  mi mentalidad a mirar más de cerca la necesidad de discipular.
El Discipulado, además de formar a los nuevos creyentes, es necesario para afianzar los fundamentos doctrinales de los creyentes, ser capacitados para el servicio y para ejercer el ministerio al que el Señor los ha llamado. Una iglesia que no discípula a su grey, tiene cristianos desnutridos, con una vida espiritual inestable, cualquier prueba o dificultad los desanima  y fácilmente son arrastrados por falsas doctrinas, por falta de fundamentos bíblicos.   Sin discipulado, un creyente puede tener muy buena voluntad, pero no es apto,  ni está capacitado para ningún servicio  en la iglesia; no entiende lo que es el compromiso con el Señor y con la Iglesia.
Dios nos llama a salir de nuestra comodidad siempre que  menciona las palabras:  “Id y hagan”,  ambas son acciones que nos hablan  de obedecer su palabra,  pero en estas tareas no estaremos solos siempre que nos dejemos guiar por el Espíritu Santo. Todos tenemos algo que aportar en la  tarea de discipular  y con la ayuda del Espíritu Santo podremos  ser guiados en la parte que nos toque aportar, solo basta con solo tener un corazón dispuesto a invertir en la vida de mi prójimo para su crecimiento espiritual. 
 
Les invito a derribar todo pensamiento que nos  haga ver que solo existe un  grupo escogido de la iglesia (a pesar de que si existen personas que si buscan capacitarse en esta tarea en específico) o personas selectas para poder discipular,  pues discipular es  invertir tiempo en la vida de alguien para su crecimiento y Dios nos ha dado Su Palabra para que seamos llevados a toda verdad y podamos llevar a otros a esa verdad. Comencemos con conversar con otros, con  generar  confianza para romper con nuestra comodidad, haciendo puentes con nuestro prójimo, no muros por que nuestra meta es ser uno en Cristo. 
 
Autor: Cristal Cajar